Burgdorf y Münchenbuchsee

1799-1804/05

Desde el Gurnigelbad, contemplando la parte central baja de Suiza, Pestalozzi pensaba “con este panorama, más en el pueblo mal instruído, que en la belleza de la vista” (PSW 13, pg. 191), y, conforme a ello, le parecía desolador el estado de la mayoría de las escuelas de pueblo. Así escribe en “Wie Gertrud ihre Kinder lehrt” (Como Gertrud enseña a sus hijos):

"Nuestras escuelas, carentes de psicología, en lo esencial no más que máquinas artificiales, asfixiadoras de todas las consecuencias de fuerza y experiencia que la misma naturaleza hace vivir en ellos [los niños]. [...] Pero vuelve a imaginarte por un instante el horror de este asesinato. A los niños se les deja disfrutar de la naturaleza hasta el quinto año; se deja actuar sobre ellos cada impresión de la misma, sienten su fuerza, están ya muy adelantados en el disfrute sensible de su desenvoltura y de todos sus estímulos, y el curso natural libre, que toma en su desarrollo el salvaje sensualmente feliz, ya ha tomado en ellos un rumbo muy determinado. Tras haber disfrutado, pues, durante cinco años completos de esta felicidad de la vida de los sentidos, de repente se hace desaparecer ante sus ojos toda la naturaleza que les rodea; se detiene de modo tiránico el curso encantador de su desenvoltura y de su libertad; se les amontona, estrujados como ovejas, en un cuarto maloliente; sin piedad se les ata por horas, días, semanas y años a la contemplación de letras míseras, insípidas y uniformes y a un ritmo en todos los aspectos de su vida, que contrasta de manera enloquecedora con su estado anterior.[...] ¿Puede tener mayor efecto sobre su cuerpo el golpe de la espada que atraviesa el cuello del criminal llevándole de la vida a la muerte, que una semejante transición de la largamente disfrutada bella y natural manera de vivir a la escolaridad más miserable, sobre el alma de los niños?" PSW 13, pg. 198/99

Bajo la impresión de este modo de ver, Pestalozzi – a la edad de 53 años – tomó la trascendental decisión de hacerse maestro, es decir, seguir una profesión que era mal pagada y, en el sentido propio de la palabra, despreciada. El ministro helvético de educación Stapfer habría preferido encargarle a Pestalozzi la dirección del Instituto para la formación del profesorado, que estaba por crear, porque al nuevo Estado le faltaba una formación de los maestros ordenada. Pero Pestalozzi primero quería hacer sus experiencias con niños pequeños, razón por la cual Stapfer nombró a su secretario Fischer como director del seminario, asignándole el castillo de Burgdorf como lugar de actividad. Para Pestalozzi, Stapfer consiguió la oportunidad de poder enseñar en Burgdorf. Pero las autoridades municipales, por prudencia, de momento sólo le dejaron enseñar en la así llamada escuela para no-ciudadanos, donde se le asignó un rincón para sus experimentos en clases ya existentes. Pestalozzi buscaba con la máxima energía un método para enseñar a sus alumnos de una manera natural y psicológica. Quitó todos los libros de enseñanza e hizo experimentar a los niños su entorno concreto con todos sus sentidos. El pensar tenía que precederle al leer y todo conocimiento tenía que basarse en  la observación. Al cabo de ocho meses, sus alumnos fueron examinados y los éxitos eran tan evidentes, que se le confió una clase superior de muchachos en la ciudad.

El castillo de Burgdorf alrededor de 1760
El castillo de Burgdorf alrededor de 1760

Mientras tanto, Fischer había abierto su seminario, pero enfermó gravemente y falleció poco después (el 4 de mayo 1800). Entonces, Pestalozzi unió su clase de muchachos con la escuela fundada por Fischer en el castillo y colocó, de esta manera, la primera piedra para su Instituto de educación en Burgdorf, que era una combinación de escuela para muchachos, pensión para alumnos que venían de fuera, escuela de magisterio y orfelinato, es decir, Instituto para pobres. La enseñanza debía de estar integrada en una comunidad de vida, en la cual podían ser desarrolladas de forma armoniosa las capacidades de la cabeza, de la  mano y del corazón. Pestalozzi consiguió una serie de colaboradores competentes para su idea y el Gobierno helvético apoyó la empresa por todos los medios. Muy pronto acudieron alumnos de todas partes.

Pestalozzi trabajaba intensamente con sus colaboradores en el desarrollo de un nuevo método de enseñanza. Quería dar cuenta lo antes posible al público de sus nuevos descubrimientos en el campo de la pedagogía. Lo hizo en una serie de escritos más bien pequeños, pero sobre todo, en su escrito fundamental “Wie Gertrud ihre Kinder lehrt” (Cómo Gertrud enseña a sus hijos). Si Pestalozzi, 20 años atrás, había llegado a ser célebre por su novela “Lienhard und Gertrud” (Lienhard y Gertrud), la nueva obra le hizo célebre como gran educador y reformador de la escuela popular. Por centenares llegaban sabios y políticos de todos los países para ver a Pestalozzi y a sus colaboradores en su trabajo y para admirar sus éxitos en la enseñanza. Burgdorf, como más adelante Yverdon, ya llegó a ser una visita obligatoria en los viajes de formación a Suiza e Italia, que se habían puesto de moda.

El 15 de agosto de 1801 se murió el único hijo de Pestalozzi a la edad de sólo 31 años. La viuda superviviente se instaló con Pestalozzi y un año más tarde se mudó a Burgdorf también su esposa. Así, el año 1803 llegó a ser uno de los más felices en la vida del pedagogo que empezaba a envejecer. Estaba, sin embargo, ensombrecido por los acontecimientos políticos: Napoleón, en 1802, había retirado sus tropas de Suiza, tras lo cual se volvió a reavivar enseguida la guerra civil, durante la cual se derrumbó el Estado helvético unitario. Poco después volvieron las tropas francesas y Napoleón convocó a París una asamblea de diputados para que allí elaborasen una nueva Constitución. Pestalozzi fue enviado a Paris, tanto por su ciudad natal de Zurich, como por la ciudad de Burgdorf. Así pasó el invierno 1802/03 en París, pero regresó antes de tiempo y no participó por ello en la recepción solemne en las Tullerías el 19 de febrero 1803. De esta manera perdió la única oportunidad de encontrarse directamente con Napoleón. Pestalozzi se opuso con poco éxito en varias memorias a la reintroducción del diezmo que amenazaba y al censo, un derecho a voto que iba unido al patrimonio. Además exigía una carga de impuestos más justa y el desarrollo de la educación popular para todos. (Nota) La llamada Constitución de la Mediación de 1803 en realidad no contenía ningún artículo sobre educación y volvió a suplir el Estado helvético unitario por una Unión de cantones en gran medida autónomos. La Constitución del Cantón de Zurich, p.ej., sí que hablaba de libertad e igualdad de todos los ciudadanos, pero los derechos al diezmo y el censo electoral ampliaron el finalmente restablecido “Ancien Régime” acaso para las altas clases pudientes del anterior territorio extraurbano.

Para  Pestalozzi la nueva Constitución tenía consecuencias graves, porque ya no había  Gobierno central con cuyo apoyo podría haber contado. Además, el Gobierno de Berna exigío que él abandonase el castillo de Burgdorf con su Instituto para el 1º de julio de 1804, para que el nuevo primer corregidor de Berna pudiera instalar allí su residencia. Pestalozzi provisionalmente encontró un refugio para su Instituto en el desmoronado convento de Münchenbuchsee. En la cercanía había una Granja modelo y un Instituto pedagógico, dirigidos por Philipp Emanuel von Fellenberg, un patricio bernés que, sin duda, poseía muy gran talento organizador y económico, dos características que a Pestalozzi francamente le faltaban. Por ello, los colaboradores de Pestalozzi desarrollaron la idea de una unión de los dos establecimientos: Fellenberg tendría que organizar y Pestalozzi tendría que impregnarlo  todo con sus ideas. Pero los dos se enemistaron muy pronto, porque Fellenberg no toleraba que Pestalozzi aceptara alumnos pobres en su Instituto sin pagar. Así pues, Pestalozzi buscó un nuevo comienzo. El cantón de Vaud (Waadt), recien fundado, que antes de la Revolución había sido una región sometida a la ciudad de Berna, aprovechó la oportunidad para poner a disposición del célebre pedagogo, de por vida, el castillo de Yverdon (Iferten) para su Instituto pedagógico.